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puntossuspendidos
21 de septiembre de 2013
A través de la ventana
El mal uso de las tijeras ocasionó este mundo lleno de recortes abandonados. Somos una generación de recopilación, donde nos convertimos en un poco de todo, pero a la vez nada de lo que compone el alma de un astrónomo que sabe recostarse sobre el suelo. Dejase caer, ponerse flojito y levantar poco el peso de las estrellas, contándolas una y una, lentamente, hasta llevarlas al firmamento; y no recibir el peso sin ensimismarse con él. No guardarlo en una pestaña y dejarlo pa'l rato.
4 de febrero de 2012
¿Y ahora?
Escribir en el claro de la luna, bajo el manto un farol, entre las nebulosas de la noche.
Escribir en el almuerzo, mientras desayunas huevos con tocino, mientras te atragantas. La farsa de las palabras las bajas con un poco de café.
Escribir desde la cima y bajo presión del tiempo, la distancia atmosférica de los pies a la cabeza entre un mar de nubes y mareas ventosas, lágrimas secas que ahora son llagas, el grado de impurezas en la arcilla magra.
Escribe desde las comisuras, sobre la suave línea del corte infinito. Escribe con el alma, con respeto a tus palabras. Escribe con el espectro de la vergüenza. Olvídalo, cítalo y plántalo, construye alrededor cuatro obeliscos. Ahora escribe bajo el espacio vacío entre los cuatro, y espera a que rindan frutos.
Ya no escribas. Sólo espera.
"-¿Quiere usted la salvación de México? ¿Quiere que Cristo sea nuestro rey?
-No"
Malcolm Lowry
1 de febrero de 2012
Tuérceme los párpados
Pero vuelvo a las consecuencias. ¿Qué tanto puede pasar hoy? La reforma del artículo 24 hoy ha sido rechazada, o al menos eso creo por los gritos de victoria y la voz entusiasmada del hombre del megáfono.
Cierra la boca y columpia la mirada,
que la cerca sigue reticulada
y no ha sido cerrada
ni forjada.
-Iome Renga
Mientras el tintero siga lleno no hay razón para quedarse en casa. Tan solo me pregunto, ¿Cuántas noches he desperdiciado en mi vida? Mi infancia fue tal cual, un desperdicio. En vacaciones estuve trabajando con mi abuelo, y un día mi tía me mando a recoger a mi prima a su escuelita, la que en la primaria fue mía también. Jamás me atreví a echarme la pinta; ahora es tan pequeño todo cuando en un tiempo yo fui el enano frente a un mundo de gigantes. Y vaya que mis gigantes no eran locos apocalípticos ni marranos de tiempo completo, sino muchachas, muchachas bonitas, de pieles tan suaves que parecían piedras que durante siglos el viento había pulido. Yo tan solo era un bodoque chonchito, y ellas eran tan grandes. Recuerdo mi primer beso con una gigante llamada Dalia... Lloré.
La gente que se autodenomina adulta debería de llamarse por antonomasia cruel. Son los culpables de los traumas de los niños. Incluso yo, un adulto de plástico, creo haber sido responsable traumas en alguien (no es que haya querido, ¿pero qué se puede hacer cuando ya se te permite quejarte?) ¿Esas es otra de las funciones como sociedad de nosotros, los gigantes? Además de quejarse de como nos chingan no veo mal el chingar a otro. Pasar la bolita no es tan malo; al cabo que, nadie se la queda. Así dure para muchos años o instantes fugazes como el ocaso la pinche bolita no es de nadie. Así como la culpa y el encendedor, nadie los trae.
La felicidad pende de una bolita, precipita hacía el abismo rojo de la cantera. Por eso no me estoy perdiendo de nada. La noche se pierde de esta felicidad, del vaiven del deseo, del destrozo de la lágrima por el párpado. Por eso no me pierdo de nada.
Por eso es que cierro la ventana... ·
30 de enero de 2012
Madrugué
8 de enero de 2012
Bilibelular
Y no vayas a ceder, franjita mía, no vayas a caer en la derrota. Yo se que ha sido poco el tiempo, pero también ha sido mucho el cariño. Ya no hacen falta titubeos, ni palomitas, ni dulces, ni libélulas, ni el pasar de los peatones y de las nubes. No hacen falta noches para, ni días para. ¿Para qué, eh? Lo único que falta es tiempo, y vaya que tenemos toda una vida (menos cacho) para llenarnos de él.
29 de agosto de 2009
113 - XIV
No tenemos un lenguaje para los finales,
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables.
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen?
¿Cómo hacer señas a quien muere,
cuando todos los gestos se han secado,
las distancias se confunden en un caos imprevisto,
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el tallo del dolor
se quiebra como la lanzadera
de un telar descompuesto?
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un mundo que ha perdido
su memoria de ser mundo?
Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas.
O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia
que sólo allí promulgan
la equivalencia última
del abandono y el encuentro
-Roberto Juarroz

