¿Dónde estoy? Hay situaciones de tiempo, espacio, situación, comodidad, estado, posición, de donde se descansa el codo, donde cuelga uno el alma, pero al final uno está en el mismo lugar de siempre. Una sola foto perdida es un rollo desperdiciado, y eso es el día de hoy. ¿Imaginan las consecuencias de quedarse uno en casa? El mundo es tan impredecible (aunque nadie quita que mis pies desnudos no sean más interesantes que mis pies calzados, allá pisando charcos y llenándose de lodo surcando en callejones de agua amarilla.
Pero vuelvo a las consecuencias. ¿Qué tanto puede pasar hoy? La reforma del artículo 24 hoy ha sido rechazada, o al menos eso creo por los gritos de victoria y la voz entusiasmada del hombre del megáfono.
Cierra la boca y columpia la mirada,
que la cerca sigue reticulada
y no ha sido cerrada
ni forjada.
-Iome Renga
Mientras el tintero siga lleno no hay razón para quedarse en casa. Tan solo me pregunto, ¿Cuántas noches he desperdiciado en mi vida? Mi infancia fue tal cual, un desperdicio. En vacaciones estuve trabajando con mi abuelo, y un día mi tía me mando a recoger a mi prima a su escuelita, la que en la primaria fue mía también. Jamás me atreví a echarme la pinta; ahora es tan pequeño todo cuando en un tiempo yo fui el enano frente a un mundo de gigantes. Y vaya que mis gigantes no eran locos apocalípticos ni marranos de tiempo completo, sino muchachas, muchachas bonitas, de pieles tan suaves que parecían piedras que durante siglos el viento había pulido. Yo tan solo era un bodoque chonchito, y ellas eran tan grandes. Recuerdo mi primer beso con una gigante llamada Dalia... Lloré.
La gente que se autodenomina adulta debería de llamarse por antonomasia cruel. Son los culpables de los traumas de los niños. Incluso yo, un adulto de plástico, creo haber sido responsable traumas en alguien (no es que haya querido, ¿pero qué se puede hacer cuando ya se te permite quejarte?) ¿Esas es otra de las funciones como sociedad de nosotros, los gigantes? Además de quejarse de como nos chingan no veo mal el chingar a otro. Pasar la bolita no es tan malo; al cabo que, nadie se la queda. Así dure para muchos años o instantes fugazes como el ocaso la pinche bolita no es de nadie. Así como la culpa y el encendedor, nadie los trae.
La felicidad pende de una bolita, precipita hacía el abismo rojo de la cantera. Por eso no me estoy perdiendo de nada. La noche se pierde de esta felicidad, del vaiven del deseo, del destrozo de la lágrima por el párpado. Por eso no me pierdo de nada.
Por eso es que cierro la ventana... ·
2 comentarios:
¡Aplausos! :¬{°
:o ¡Muchas gracias! :) ¿Quién eres, anomínimo/a?
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