Escribir para los otros, para los minusválidos de la vida, las transfusiones de mi abuelo.
Escribir en el claro de la luna, bajo el manto un farol, entre las nebulosas de la noche.
Escribir en el almuerzo, mientras desayunas huevos con tocino, mientras te atragantas. La farsa de las palabras las bajas con un poco de café.
Escribir desde la cima y bajo presión del tiempo, la distancia atmosférica de los pies a la cabeza entre un mar de nubes y mareas ventosas, lágrimas secas que ahora son llagas, el grado de impurezas en la arcilla magra.
Escribe desde las comisuras, sobre la suave línea del corte infinito. Escribe con el alma, con respeto a tus palabras. Escribe con el espectro de la vergüenza. Olvídalo, cítalo y plántalo, construye alrededor cuatro obeliscos. Ahora escribe bajo el espacio vacío entre los cuatro, y espera a que rindan frutos.
Ya no escribas. Sólo espera.
"-¿Quiere usted la salvación de México? ¿Quiere que Cristo sea nuestro rey?
-No"
Malcolm Lowry
4 de febrero de 2012
¿Y ahora?
1 de febrero de 2012
Tuérceme los párpados
¿Dónde estoy? Hay situaciones de tiempo, espacio, situación, comodidad, estado, posición, de donde se descansa el codo, donde cuelga uno el alma, pero al final uno está en el mismo lugar de siempre. Una sola foto perdida es un rollo desperdiciado, y eso es el día de hoy. ¿Imaginan las consecuencias de quedarse uno en casa? El mundo es tan impredecible (aunque nadie quita que mis pies desnudos no sean más interesantes que mis pies calzados, allá pisando charcos y llenándose de lodo surcando en callejones de agua amarilla.
Pero vuelvo a las consecuencias. ¿Qué tanto puede pasar hoy? La reforma del artículo 24 hoy ha sido rechazada, o al menos eso creo por los gritos de victoria y la voz entusiasmada del hombre del megáfono.
Cierra la boca y columpia la mirada,
que la cerca sigue reticulada
y no ha sido cerrada
ni forjada.
-Iome Renga
Mientras el tintero siga lleno no hay razón para quedarse en casa. Tan solo me pregunto, ¿Cuántas noches he desperdiciado en mi vida? Mi infancia fue tal cual, un desperdicio. En vacaciones estuve trabajando con mi abuelo, y un día mi tía me mando a recoger a mi prima a su escuelita, la que en la primaria fue mía también. Jamás me atreví a echarme la pinta; ahora es tan pequeño todo cuando en un tiempo yo fui el enano frente a un mundo de gigantes. Y vaya que mis gigantes no eran locos apocalípticos ni marranos de tiempo completo, sino muchachas, muchachas bonitas, de pieles tan suaves que parecían piedras que durante siglos el viento había pulido. Yo tan solo era un bodoque chonchito, y ellas eran tan grandes. Recuerdo mi primer beso con una gigante llamada Dalia... Lloré.
La gente que se autodenomina adulta debería de llamarse por antonomasia cruel. Son los culpables de los traumas de los niños. Incluso yo, un adulto de plástico, creo haber sido responsable traumas en alguien (no es que haya querido, ¿pero qué se puede hacer cuando ya se te permite quejarte?) ¿Esas es otra de las funciones como sociedad de nosotros, los gigantes? Además de quejarse de como nos chingan no veo mal el chingar a otro. Pasar la bolita no es tan malo; al cabo que, nadie se la queda. Así dure para muchos años o instantes fugazes como el ocaso la pinche bolita no es de nadie. Así como la culpa y el encendedor, nadie los trae.
La felicidad pende de una bolita, precipita hacía el abismo rojo de la cantera. Por eso no me estoy perdiendo de nada. La noche se pierde de esta felicidad, del vaiven del deseo, del destrozo de la lágrima por el párpado. Por eso no me pierdo de nada.
Por eso es que cierro la ventana... ·
Pero vuelvo a las consecuencias. ¿Qué tanto puede pasar hoy? La reforma del artículo 24 hoy ha sido rechazada, o al menos eso creo por los gritos de victoria y la voz entusiasmada del hombre del megáfono.
Cierra la boca y columpia la mirada,
que la cerca sigue reticulada
y no ha sido cerrada
ni forjada.
-Iome Renga
Mientras el tintero siga lleno no hay razón para quedarse en casa. Tan solo me pregunto, ¿Cuántas noches he desperdiciado en mi vida? Mi infancia fue tal cual, un desperdicio. En vacaciones estuve trabajando con mi abuelo, y un día mi tía me mando a recoger a mi prima a su escuelita, la que en la primaria fue mía también. Jamás me atreví a echarme la pinta; ahora es tan pequeño todo cuando en un tiempo yo fui el enano frente a un mundo de gigantes. Y vaya que mis gigantes no eran locos apocalípticos ni marranos de tiempo completo, sino muchachas, muchachas bonitas, de pieles tan suaves que parecían piedras que durante siglos el viento había pulido. Yo tan solo era un bodoque chonchito, y ellas eran tan grandes. Recuerdo mi primer beso con una gigante llamada Dalia... Lloré.
La gente que se autodenomina adulta debería de llamarse por antonomasia cruel. Son los culpables de los traumas de los niños. Incluso yo, un adulto de plástico, creo haber sido responsable traumas en alguien (no es que haya querido, ¿pero qué se puede hacer cuando ya se te permite quejarte?) ¿Esas es otra de las funciones como sociedad de nosotros, los gigantes? Además de quejarse de como nos chingan no veo mal el chingar a otro. Pasar la bolita no es tan malo; al cabo que, nadie se la queda. Así dure para muchos años o instantes fugazes como el ocaso la pinche bolita no es de nadie. Así como la culpa y el encendedor, nadie los trae.
La felicidad pende de una bolita, precipita hacía el abismo rojo de la cantera. Por eso no me estoy perdiendo de nada. La noche se pierde de esta felicidad, del vaiven del deseo, del destrozo de la lágrima por el párpado. Por eso no me pierdo de nada.
Por eso es que cierro la ventana... ·
30 de enero de 2012
Madrugué
No es el amor; no, no es eso. No son las mujeres (o "La Mujer". No es el dinero o la puesta de sol que nunca veo, como tampoco son las largas horas que tanto quiero deplorar, desvanecer en una palabra. Soy yo. Tanto tiempo he pasado la vida viendome a un espejo en la mañana y nunca note esos ojos tristes desde adentro, la sonrisa falsa y quebrada, el últimosuspiro del día parapoderempezarlo. ·
He pretendido terminar mis días con una especie de moraleja trascendente que me deje quitar los zapatos sin tener que dejarlos a un lado, evitar buscarlos por todo el cuarto para que al final los tenga puestos. Es curioso, ayer tuve un parálisis de sueño. Hace tiempo que no tenía. Estas cosas en retrospectiva siempre son tan placenteras. El momento de la acción nunca es decisivo; es decisivo el momento en el que uno se siente orgulloso o arrepetentido, aunque casi siempre es el orgullo aun cuando uno no quiere que vuelva a suceder. Nadie se arrepiente de lo que hizo, es parte de lidiar con la vida (si es que se quiere), y la mala memoria siempre ayuda, es lo único que tenemos. Sin ella, recordar tal cual lo que hemos hecho, la cara que pusimos, el tiempo que tardamos y la gente que una vez observamos y se dieron cuenta de que eres un fisgón, un sinquiahacer, un pervertido aburrido sin respeto..El resultado de unas cuantas palabras sin tener que buscarlas es esto. Pero las noches siempre terminan tan igual. El cansancio es tan excesivo que ya no me alcanza el tiempo. He perseguido por mucho su estela.
8 de enero de 2012
Bilibelular
Pero no vayas a ceder, amor mío. No dejes que te aplasten. No hay derecho, nadie lo tiene mas que tú. Tú y yo, porque ahora mismo yo puedo darlo por terminado y ya, paf, kaput, ending credits y listo, apago las luces y me voy, pero no lo voy hacer (y tú no vayas a ceder), vida mía, vida pronta mía, vida mesurada en aire mía (¿o mejor dicho "muerte anticipada, mía?"). No se si vamos muy rapido. Tal vez la que empezó fuiste tú, con tus mensajes, tus cariños, tus nostalgias veloces. Aunque, tal vez, yo soy el frío. Requiero tiempo para querer, pero esa ni yo me la creo. No pretendo hacerme el santo, el duro de golpes en la bilis y nada, no, no, yo no soy ese. Si, yo soy el frío, el cobarde, ahora tengo frío en las manos pero eso no me hace repeler en la acción de la nieve. Nieve sobre más nieve que al final se hace una gran bola y después un gran monton donde esconderse, donde evitar y palar, y con el tiempo y con la debida demora de la primavera, una montaña.
Y no vayas a ceder, franjita mía, no vayas a caer en la derrota. Yo se que ha sido poco el tiempo, pero también ha sido mucho el cariño. Ya no hacen falta titubeos, ni palomitas, ni dulces, ni libélulas, ni el pasar de los peatones y de las nubes. No hacen falta noches para, ni días para. ¿Para qué, eh? Lo único que falta es tiempo, y vaya que tenemos toda una vida (menos cacho) para llenarnos de él.
Y no vayas a ceder, franjita mía, no vayas a caer en la derrota. Yo se que ha sido poco el tiempo, pero también ha sido mucho el cariño. Ya no hacen falta titubeos, ni palomitas, ni dulces, ni libélulas, ni el pasar de los peatones y de las nubes. No hacen falta noches para, ni días para. ¿Para qué, eh? Lo único que falta es tiempo, y vaya que tenemos toda una vida (menos cacho) para llenarnos de él.
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