He pretendido terminar mis días con una especie de moraleja trascendente que me deje quitar los zapatos sin tener que dejarlos a un lado, evitar buscarlos por todo el cuarto para que al final los tenga puestos. Es curioso, ayer tuve un parálisis de sueño. Hace tiempo que no tenía. Estas cosas en retrospectiva siempre son tan placenteras. El momento de la acción nunca es decisivo; es decisivo el momento en el que uno se siente orgulloso o arrepetentido, aunque casi siempre es el orgullo aun cuando uno no quiere que vuelva a suceder. Nadie se arrepiente de lo que hizo, es parte de lidiar con la vida (si es que se quiere), y la mala memoria siempre ayuda, es lo único que tenemos. Sin ella, recordar tal cual lo que hemos hecho, la cara que pusimos, el tiempo que tardamos y la gente que una vez observamos y se dieron cuenta de que eres un fisgón, un sinquiahacer, un pervertido aburrido sin respeto..El resultado de unas cuantas palabras sin tener que buscarlas es esto. Pero las noches siempre terminan tan igual. El cansancio es tan excesivo que ya no me alcanza el tiempo. He perseguido por mucho su estela.

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